En lengua zoque, el nombre de estas magníficas grutas, enclavadas en las estribaciones de las montañas del norte de Chiapas, significa “agua honda”.
Fueron descubiertas el siglo pasado, están acondicionadas con andadores y su recorrido es de aproximadamente medio kilómetro; tienen una profundidad de quinientos metros y posee un arroyo subterráneo y un cenote.
Las grutas cuentan con ocho salones a los que el poeta Carlos Pellicer denominó de los Fantasmas, Boca de León, La Calabaza, Tres Colas de Serpiente, Cenote de los Peces Ciegos en este último con un cuerpo de agua en el que se dice existen dichos peces ciegos, es decir que no requieren de la luz natural por haber nacido precisamente dentro de las cavernas, Mujer sin Cabeza y la Gran Bóveda Celeste. Estos salones se unen entre sí a través de andadores, en una longitud de quinientos metros, a lo largo de los cuales se pueden observar diferentes figuras que el agua y el tiempo han ido formando en sus paredes, en sus techos y en sus húmedos suelos.
Las paredes de las grutas están cubiertas de estalagmitas y estalactitas. Hay lugares donde, a través de orificios, es posible observar el cielo y la grandeza de la sierra que se eleva exactamente encima de la gruta.
En lengua zoque, el nombre de estas magníficas grutas, enclavadas en las estribaciones de las montañas del norte de Chiapas, significa “agua honda”.
Fueron descubiertas el siglo pasado, están acondicionadas con andadores y su recorrido es de aproximadamente medio kilómetro; tienen una profundidad de quinientos metros y posee un arroyo subterráneo y un cenote.
Las grutas cuentan con ocho salones a los que el poeta Carlos Pellicer denominó de los Fantasmas, Boca de León, La Calabaza, Tres Colas de Serpiente, Cenote de los Peces Ciegos en este último con un cuerpo de agua en el que se dice existen dichos peces ciegos, es decir que no requieren de la luz natural por haber nacido precisamente dentro de las cavernas, Mujer sin Cabeza y la Gran Bóveda Celeste. Estos salones se unen entre sí a través de andadores, en una longitud de quinientos metros, a lo largo de los cuales se pueden observar diferentes figuras que el agua y el tiempo han ido formando en sus paredes, en sus techos y en sus húmedos suelos.
Las paredes de las grutas están cubiertas de estalagmitas y estalactitas. Hay lugares donde, a través de orificios, es posible observar el cielo y la grandeza de la sierra que se eleva exactamente encima de la gruta.
VILLAHERMOSA, México, abr. 22, 2004.- Las grutas de Coconá se encuentran a tres kilómetros de la cabecera municipal de Teapa, Tabasco, y están consideradas como monumento natural. El área natural protegida es de 442 hectáreas. “Las grutas las descubrieron en el año de 1892, las descubrieron los hermanos Laurianos, andaban de cacería y eran de aquí”, informó Carlos Castellanos, guía de turistas. Se cree que algún día fue parte de un río subterráneo. Cuenta con ocho salones. A través de un kilómetro de recorrido se pueden ver claramente peculiares formas en piedra como un monje orando, la mandíbula de un tiburón, la familia de King Kong, cabezas de serpiente, un cacahuate gigante, ranas, uvas, fantasmas, elefantes, una culebra de tres colas, pejelagartos, hongos, espaldas de cocodrilo, entre otras. En las grutas de Coconá se pueden apreciar cientos o probablemente miles de distintas figuras, esto se debe a la filtración de agua que ingresa a la montaña, pero además de eso hay piedras que generan distintos sonidos. Aquí el agua presume su poder sobre las rocas, hace de ellas verdaderas esculturas naturales. “Los picos de arriba se llaman estalactitas y las de abajo se llaman estalagmitas, cuando se unen las dos se llaman columnas”, agregó Carlos Castellanos. Por su parte, los murciélagos dan su toque misterioso al escenario, mientras unos duermen, otros pasean. Uno de los espacios más espectaculares es el llamado salón de los ‘Peces ciegos’. “Hay un senote que tiene 35 metros de profundidad y cinco de arenas movedizas, también tiene una salida el río subterráneo que se le llama el Puyacatengo, que está al otro lado del cerro”, añadió el guía. Más adelante del mismo salón está el lugar donde hace 27 años se encontraron fósiles de mamut. “En esta parte se encontraron fósiles de mamut, esos restos los pueden ver en el museo de Antropología en México, se los llevaron, esos animales nunca habitaron aquí adentro, sino fueron arrastrados por el agua”, precisó el experto. En el séptimo salón está la laguna de Coconá. “Coconá quiere decir ‘agua honda’ en el dialecto tzoque. En época de lluvia, el agua sube aquí y ya no deja pasar a gente al lugar porque lo tapa el agua”, dijo Carlos Castellanos. En el octavo y último salón está el rostro de Cristo y muy cerca de ahí, el Arca de Noé. Cada semana, cientos de visitantes locales y de diversos estados del país llegan a las rutas de Coconá para descubrir y disfrutar este mundo mágico que guarda la montaña.



